miércoles 25 de agosto de 2010
La Pastoral de Juventud del Decanato 5 invita a todos los Jóvenes a la Adoración Al Santísimo - Este Sábado 26 en la Pquia San Pablo Apostol
sábado 21 de agosto de 2010
Mensaje de una peregrina de la JMJ 2000 recordando aquel momento inolvidable
SANTA MISA DE CLAUSURA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
Tor Vergata, domingo 20 de agosto de 2000
1. “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).
Queridos jóvenes de la decimoquinta Jornada Mundial de la Juventud, estas palabras de Pedro, en el diálogo con Cristo al final del discurso del “pan de vida”, nos afectan personalmente. Estos días hemos meditado sobre la afirmación de Juan: “La palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros” (Jn 1,14). El evangelista nos ha llevado al gran misterio de la encarnación del Hijo de Dios, el Hijo que se nos ha dado a través de María “al llegar la plenitud de los tiempos” (Gal4,4).
En su nombre os vuelvo a saludar a todos con un gran afecto. Saludo y agradezco al Cardenal Camillo Ruini, mi Vicario General para la diócesis de Roma y Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, las palabras que me ha dirigido al comienzo de esta Santa Misa; saludo también al Cardenal James Francis Stafford, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos y a tantos Cardenales, Obispos y sacerdotes aquí reunidos; así mismo, saludo con gran deferencia al Señor Presidente de la República y al Jefe del Gobierno Italiano, así como a todas las autoridades civiles y religiosas que nos honran con su presencia.
2. Hemos llegado al culmen de la Jornada Mundial de la Juventud. Ayer por la noche, queridos jóvenes, hemos reafirmado nuestra fe en Jesucristo, en el Hijo de Dios que, como dice la primera lectura de hoy, el Padre ha enviado “a anunciar la buena nueva a los pobres, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación y a los reclusos la libertad... para consolar a todos los que lloran” (Is 61,1-3).
En esta celebración eucarística Jesús nos introduce en el conocimiento de un aspecto particular de su misterio. Hemos escuchado en el Evangelio un pasaje de su discurso en la sinagoga de Cafarnaúm, después del milagro de la multiplicación de los panes, en el cual se revela como el verdadero pan de vida, el pan bajado del cielo para dar la vida al mundo (cf. Jn 6,51). Es un discurso que los oyentes no entienden. La perspectiva en que se mueven es demasiado material para poder captar la auténtica intención de Cristo. Ellos razonan según la carne, que “no sirve para nada” (Jn 6,63). Jesús, en cambio, orienta su discurso hacia el horizonte inabarcable del espíritu: “Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida” (ibíd).
Sin embargo el auditorio es reacio: “Es duro este lenguaje; ¿Quién puede escucharlo?” (Jn 6,60). Se consideran personas con sentido común, con los pies en la tierra, por eso sacuden la cabeza y, refunfuñando, se marchan uno detrás de otro. El número de la muchedumbre se reduce progresivamente. Al final sólo queda un pequeño grupo con los discípulos más fieles. Pero respecto al “pan de vida” Jesús no está dispuesto a contemporizar. Está preparado más bien para afrontar el alejamiento incluso de los más cercanos: “¿También vosotros queréis marcharos?” (Jn 6,67).
3. “¿También vosotros?” La pregunta de Cristo sobrepasa los siglos y llega hasta nosotros, nos interpela personalmente y nos pide una decisión. ¿Cuál es nuestra respuesta? Queridos jóvenes, si estamos aquí hoy es porque nos vemos reflejados en la afirmación del apóstol Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).
Muchas palabras resuenan en vosotros, pero sólo Cristo tiene palabras que resisten al paso del tiempo y permanecen para la eternidad. El momento que estáis viviendo os impone algunas opciones decisivas: la especialización en el estudio, la orientación en el trabajo, el compromiso que debéis asumir en la sociedad y en la Iglesia. Es importante darse cuenta de que, entre todas las preguntas que surgen en vuestro interior, las decisivas no se refieren al “qué”. La pregunta de fondo es “quién”: hacia “quién” ir, a “quién” seguir, a “quién” confiar la propia vida.
Pensáis en vuestra elección afectiva e imagino que estaréis de acuerdo: lo que verdaderamente cuenta en la vida es la persona con la que uno decide compartirla. Pero, ¡atención! Toda persona es inevitablemente limitada, incluso en el matrimonio más encajado se ha de tener en cuenta una cierta medida de desilusión. Pues bien, queridos amigos: ¿no hay en esto algo que confirma lo que hemos escuchado al apóstol Pedro? Todo ser humano, antes o después, se encuentra exclamando con él: “¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”. Sólo Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios y de María, la Palabra eterna del Padre, que nació hace dos mil años en Belén de Judá, puede satisfacer las aspiraciones más profundas del corazón humano.
En la pregunta de Pedro: “¿A quién vamos a acudir?” está ya la respuesta sobre el camino que se debe recorrer. Es el camino que lleva a Cristo. Y el divino Maestro es accesible personalmente; en efecto, está presente sobre el altar en la realidad de su cuerpo y de su sangre. En el sacrificio eucarístico podemos entrar en contacto, de un modo misterioso pero real, con su persona, acudiendo a la fuente inagotable de su vida de Resucitado.
4. Esta es la maravillosa verdad, queridos amigos: la Palabra, que se hizo carne hace dos mil años,está presente hoy en la Eucaristía. Por eso, el año del Gran Jubileo, en el que estamos celebrando el misterio de la encarnación, no podía dejar de ser también un año “intensamente eucarístico” (cf. Tertio millennio adveniente, 55).
La Eucaristía es el sacramento de la presencia de Cristo que se nos da porque nos ama. Él nos ama a cada uno de nosotros de un modo personal y único en la vida concreta de cada día: en la familia, entre los amigos, en el estudio y en el trabajo, en el descanso y en la diversión. Nos ama cuando llena de frescura los días de nuestra existencia y también cuando, en el momento del dolor, permite que la prueba se cierna sobre nosotros; también a través de las pruebas más duras, Él nos hace escuchar su voz.
Sí, queridos amigos, ¡Cristo nos ama y nos ama siempre! Nos ama incluso cuando lo decepcionamos, cuando no correspondemos a lo que espera de nosotros. Él no nos cierra nunca los brazos de su misericordia. ¿Cómo no estar agradecidos a este Dios que nos ha redimido llegando incluso a la locura de la Cruz? ¿A este Dios que se ha puesto de nuestra parte y está ahí hasta al final?
5. Celebrar la Eucaristía “comiendo su carne y bebiendo su sangre” significa aceptar la lógica de la cruz y del servicio. Es decir, significa ofrecer la propia disponibilidad para sacrificarse por los otros, como hizo Él.
De este testimonio tiene necesidad urgente nuestra sociedad, de él necesitan más que nunca los jóvenes, tentados a menudo por los espejismos de una vida fácil y cómoda, por la droga y el hedonismo, que llevan después a la espiral de la desesperación, del sin-sentido, de la violencia. Es urgente cambiar de rumbo y dirigirse a Cristo, que es también el camino de la justicia, de la solidaridad, del compromiso por una sociedad y un futuro dignos del hombre.
Ésta es nuestra Eucaristía, ésta es la respuesta que Cristo espera de nosotros, de vosotros, jóvenes, al final de vuestro Jubileo. A Jesús no le gustan las medias tintas y no duda en apremiarnos con la pregunta: “¿También vosotros queréis marcharos?” Con Pedro, ante Cristo, Pan de vida, también hoy nosotros queremos repetir: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).
6. Queridos jóvenes, al volver a vuestra tierra poned la Eucaristía en el centro de vuestra vida personal y comunitaria: amadla, adoradla y celebradla, sobre todo el domingo, día del Señor. Vivid la Eucaristía dando testimonio del amor de Dios a los hombres.
Os confío, queridos amigos, este don de Dios, el más grande dado a nosotros, peregrinos por los caminos del tiempo, pero que llevamos en el corazón la sed de eternidad. ¡Ojalá que pueda haber siempre en cada comunidad un sacerdote que celebre la Eucaristía! Por eso pido al Señor quebroten entre vosotros numerosas y santas vocaciones al sacerdocio. La Iglesia tiene necesidad de alguien que celebre también hoy, con corazón puro, el sacrificio eucarístico. ¡El mundo no puede verse privado de la dulce y liberadora presencia de Jesús vivo en la Eucaristía!
Sed vosotros mismos testigos fervorosos de la presencia de Cristo en nuestros altares. Que la Eucaristía modele vuestra vida, la vida de las familias que formaréis; que oriente todas vuestras opciones de vida. Que la Eucaristía, presencia viva y real del amor trinitario de Dios, os inspire ideales de solidaridad y os haga vivir en comunión con vuestros hermanos dispersos por todos los rincones del planeta.
Que la participación en la Eucaristía fructifique, en especial, en un nuevo florecer de vocaciones a la vida religiosa, que asegure la presencia de fuerzas nuevas y generosas en la Iglesia para la gran tarea de la nueva evangelización.
Si alguno de vosotros, queridos jóvenes, siente en sí la llamada del Señor a darse totalmente a Él para amarlo “con corazón indiviso” (cf. 1 Co 7,34), que no se deje paralizar por la duda o el miedo. Que pronuncie con valentía su propio “sí” sin reservas, fiándose de Él que es fiel en todas sus promesas. ¿No ha prometido, al que lo ha dejado todo por Él, aquí el ciento por uno y después la vida eterna? (cf. Mc 10,29-30).
7. Al final de esta Jornada Mundial, mirándoos a vosotros, a vuestros rostros jóvenes, a vuestro entusiasmo sincero, quiero expresar, desde lo hondo de mi corazón, mi agradecimiento a Dios por el don de la juventud, que a través de vosotros permanece en la Iglesia y en el mundo.
¡Gracias a Dios por el camino de las Jornadas Mundiales de la Juventud! ¡Gracias a Dios por tantos jóvenes que han participado en ellas durante estos dieciséis años! Son jóvenes que ahora, ya adultos, siguen viviendo en la fe allí donde residen y trabajan. Estoy seguro de que también vosotros, queridos amigos, estaréis a la altura de los que os han precedido. Llevaréis el anuncio de Cristo en el nuevo milenio. Al volver a casa, no os disperséis. Confirmad y profundidad en vuestra adhesión a la comunidad cristiana a la que pertenecéis. Desde Roma, la ciudad de Pedro y Pablo, el Papa os acompaña con su afecto y, parafraseando una expresión de Santa Catalina de Siena, os dice: «Si sois lo que tenéis que ser, ¡prenderéis fuego al mundo entero!» (cf. Cart.368).
Miro con confianza a esta nueva humanidad que se prepara también por medio de vosotros; miro a esta Iglesia constantemente rejuvenecida por el Espíritu de Cristo y que hoy se alegra por vuestros propósitos y de vuestro compromiso. Miro hacia el futuro y hago mías las palabras de una antigua oración, que canta a la vez al don de Jesús, de la Eucaristía y de la Iglesia:
sábado 14 de agosto de 2010
Taller de Formación en Música Litúrgica
Este curso está destinado a la formación de miembros de coros parroquiales, salmistas, solistas y personas interesadas en la música sacra.
Además de la formación teórica, los alumnos participarán de talleres donde se desarrollará la lecto-escritura musical, vocalización, interpretación de salmos responsoriales, entre otros. Así mismo, aprenderán los criterios básicos para la selección del repertorio musical para las celebraciones, de acuerdo a cada tiempo litúrgico.
· FECHAS:Las clases se impartirán los sábados, del 21 de Agosto al 25 de setiembre.
· HORARIO:De 15:00 a 17:00 horas.
· LUGAR:Seminario Metropolitano (Kubitschek y Azara).
· COSTO:El curso tendrá un costo de 45.000 guaraníes por persona (incluye el costo de los materiales para cada clase).
Se expedirá certificado de participación.
Informes e inscripciones:
Departamento Arquidiocesano de Liturgia
liturgia.arzobispado@gmail.com
Teléfonos: (595 21) 202 862 / (595 21) 200 723 Int. 117
De Lunes a Viernes, de 8 a 12 horas.--
PREMIO MUNICIPAL DE JUVENTUD DE LA CIUDAD DE ASUNCION
lunes 9 de agosto de 2010
Publicación emitida por el Diario ABC color - "Cuquejo pide a jóvenes ser “vigilantes” y mantenerse en los valores morales"
miércoles 4 de agosto de 2010
Peregrinación Arquidiocesana de Jóvenes - Informativos
Peregrinación Arquidiocesana de Jóvenes
¿Qué Celebra la Iglesia?
El día 1 de noviembre de 1950, el papa Pío XII declaró dogma de fe la Asunción de la Virgen María a los cielos.
El concilio Vaticano II afirma que la Virgen Inmaculada «terminada el curso de su vida en la tierra fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo» (Lumen gentium, 59).
La Asunción de la Virgen forma parte, desde siempre, de la fe del pueblo cristiano.
El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio.
La bula Munificentissimus Deus, refiriéndose a la participación de la mujer del Protoevangelio en la lucha contra la serpiente y reconociendo en María a la nueva Eva, presenta la Asunción como consecuencia de la unión de María a la obra redentora de Cristo. Al respecto afirma: «Por eso, de la misma manera que la gloriosa resurrección de Cristo fue parte esencial y último trofeo de esta victoria, así la lucha de la bienaventurada Virgen, común con su Hijo, había de concluir con la glorificación de su cuerpo virginal»
La Asunción es, por consiguiente, el punto de llegada de la lucha que comprometió el amor generoso de María en la redención de la humanidad y es fruto de su participación única en la victoria de la cruz.
La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar “los ojos a María, la cual brilla como modelo de virtud ante toda la comunidad de los elegidos”.[1]
La Asunción de María, madre de Dios y madre nuestra, es para nosotros motivo de esperanza y de alegría porque, pobres y necesitados como somos, vemos que la Virgen sube al cielo para abogar por nosotros ante el trono de Dios más de cerca y con mayor eficacia. La contemplación de este misterio tiene que acrecentar nuestra devoción y confianza cuando dirigimos a Dios nuestras plegarias invocando la intercesión de la Virgen.
¿Porque Peregrina el Cristiano?
Uno de los grandes aportes del Concilio Vaticano II fue dedicar un capítulo de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia –Lumen Gentium– describiendo a la Iglesia como "pueblo de Dios". La Iglesia aparece como una muchedumbre que atraviesa la historia en busca del lugar de la alegría definitiva, denominada la Ciudad Celeste o Nueva Jerusalén.
Entre las experiencias de espiritualidad se encuentran las peregrinaciones, donde se puede reconocer al pueblo de Dios en camino. Allí el creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de tantos hermanos, caminando juntos hacia Dios que los espera. Cristo mismo se hace peregrino y camina resucitado en medio de los pobres. La decisión de partir al santuario ya es una confesión de fe, el caminar es un verdadero canto de esperanza, y la llegada es un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. (D.A. 259)
Finalmente, el Documento de Aparecida manifiesta que el caminar es un verdadero canto de esperanza, por lo tanto nos compromete a llevar esperanza a otros. Por esto, no pueden estar ausentes de nuestra reflexión las dimensiones políticas, económicas, sociales y culturales de la actualidad.
Nuestra Madre Santa María es modelo de cómo ser auténticos peregrinos. Ella, «a pesar de ser entre todas las criaturas humanas la más cercana a Dios, ha caminado día tras día un peregrinaje de fe, custodiando y meditando constantemente en su corazón la Palabra que Dios le dirigía» [2]
Pidámosle, pues, a nuestra Madre, «signo de esperanza segura y de consuelo para el Pueblo de Dios peregrinante»[3] que nos guíe y nos obtenga todas las gracias necesarias para llegar con bien a nuestra patria definitiva: la Roma eterna, la Jerusalén del cielo.
¿Cómo Peregrina la Pastoral de Juventud?
La peregrinación es una experiencia espiritual. Vivimos, con todo nuestro ser, lo que somos. Ir en peregrinación, es ir buscando y encontrando a Cristo, llevando a veces su cruz, para llegar con Él a todos los lugares.
Al marchar, el joven peregrino hace un gesto que indica que algo le falta. Decide dejar todo para encontrar lo único necesario, para ir al encuentro de Aquél que le espera.
Este acto es un compromiso de todo nuestro ser. Dejamos nuestras costumbres para ir a una cita, allí donde el Señor nos espera. Dejamos de lado lo secundario y damos a entender con ello que sólo Dios basta. Le buscamos sólo a Él como a nuestro único tesoro.
La peregrinación es un tiempo de conversión. Ir en busca de Dios es querer hacerse disponible para dejarse encontrar por Él. El peregrino se desprende de lo que le estorba, se ofrece en su pobreza.
La peregrinación es un tiempo de oración: alabanza, admiración por lo que vemos, oímos, y todo eso nos lleva a la adoración del Dios vivo. Es decir, la peregrinación requiere interioridad y silencio para gustar, contemplar, orar, adorar y acoger.
La peregrinación, es una escuela de amor y caridad universal. Caminar juntos hacia una misma meta, al encuentro de la misma persona que nos espera, consolida los lazos fraternos mediante actos sencillos y concretos como compartir, ayudar, esperar, caminar al paso del otro.
La peregrinación es un tiempo de renovación en la esperanza; es señal de la búsqueda incansable de Dios a pesar de las dificultades del camino. Alguien nos espera al final del camino.
¿Qué reflexionamos este año?
"No teman, pequeño rebaño, porque Su Padre ha querido darles el Reino" (Lc 12, 32)
Desde nuestra identidad de Discípulos-Misioneros caminamos al encuentro de Nuestra Madre, quien intercede para que este “pequeño rebaño” llegue a casa sin que se pierda ni uno solo.
Somos el pequeño rebaño que camina siguiendo la voz del Buen Pastor, concientes de que el Reino que hemos recibido es nuestra soñada Civilización del Amor, la que el mismo Padre nos ha confiado para construirla y ser sus felices ciudadanos.
Como peregrinos en el mundo y protagonistas de la historia, en nuestro caminar vemos la presencia constante del Padre en medio de nuestro pueblo.
Como paraguayos nos preparamos para el orgulloso festejo de 200 años de independencia, mas como Cristianos agradecemos mas de 2000 años de libertad gracias al genero SI de María que hizo posible la Encarnación de Nuestro Señor.
"No teman, pequeño rebaño, porque Su Padre ha querido darles el Reino" (Lc 12, 32) Fecha: Domingo, 08 de agosto Horario: 8 horas de la mañana Local de partida: Parroquia San Roque González de Santa Cruz Dirección: Calle 3era y Chile Culmina con la Santa Misa a las 11 horas en la Catedral Más informaciones: Oficina del Departamento de Pastoral de la Juventud – Seminario Metropolitano: Kubitschek 661 con Azara – Teléfono: 205 991 int 105 – Página web: www.arquijoven.com |
Encuentro de Oración - "Hagan lo que el les diga" (San Juan 2,5)
Nuestra madre María nos lleva más cerca de su Hijo Jesús y nos alienta a escucharlo. Por eso la Comunidad Canción Nueva Paraguay te invita del 6 al 8 de agosto a pedir el milagro del vino nuevo en tu vida, que es señal de nueva creación, en el Encuentro de Oración "Hagan lo que El les diga" (San Jn.2,5).
Disfrutaremos de momentos de charlas, oraciones, adoración al Santísimo Sacramento, confesiones, alabanzas y Misa diaria, dirigido a todas las familia y jóvenes en especial, en la Casa de Evangelización Canción Nueva (Sacramento e/Mcal. López. Con la animación del Padre Fabrício Leitão y la banda musical Canción Nueva Paraguay. El acceso es libre y gratuito.
Concierto de Martín Valverde en Paraguay
AVISO IMPORTANTE:
ADQUIERA LAS ENTRADAS CON ANTICIPACIÓN EN LIBRERIAS CATÓLICAS Y CON DISTRIBUIDORES AUTORIZADOS.
El día del concierto las entradas en boletería estarán a otro costo, además no aseguramos la venta de entradas para el día del concierto por pedidos anticipados.
29 de set en Luque
Informes en:
Santa María producciones "SM" al 021.555.388
http://www.sm.com.py
"la gira continúa el 30 de set en CDE"








